La industria del turismo va de cara: es tan miedosa como ansiosa. No hace falta hablar en genérico: somos los viajeros quienes huimos del peligro, pero deseamos tanto volver a viajar que conseguimos que la actividad se recupere pronto. Así somos, un motor económico hipersensible y que regresa en tromba. ¿O no se acuerdan de la pandemia?
No hay que irse a tal extremo. Cada conflicto local, cada vaivén regulatorio, cada sospecha de inseguridad hace que las visitas se resientan. Y en cuanto se restablecen las condiciones (o se nos olvida), allí vamos todos de nuevo a disfrutar de nuestro tiempo fuera.
Ahora mismo no lo vemos porque estamos en plena tormenta de misiles. Y es lo justo, porque lo que importa en este momento son las vidas en peligro y el orden mundial. Pero la experiencia nos dice que Dubai volverá a ser Dubai, por ejemplo. O eso esperamos.
Por lo pronto, leemos la prensa turística sin sorpresas. Los touroperadores interrumpen sus operaciones en Oriente Medio, incluidos los alemanes Dertour y TUI Cruises en plena ITB, con pasajeros atrapados en destinos que presumían de seguridad en mitad del avispero.
Es todo muy trágico, pero esto también pasará.
